La guerra que Irán perdió… y está a punto de ganar / Por Jorge García

0
4

Es posible ganar una guerra militar y, al mismo tiempo, perder la batalla por la percepción. Cientos de medios occidentales están cayendo en la trampa accidental o intencionalmente, porque la verdad se puede convertir en un asunto secundario y el relato que vende en prioridad.

¿Puede un país perder una guerra de manera aplastante y, aun así, terminar imponiendo su narrativa al mundo? Esa es exactamente la paradoja que hoy enfrentan Estados Unidos, Israel e Irán. Militarmente, el régimen iraní fue devastado desde las primeras horas del conflicto. La eliminación del ayatolá Alí Jamenei, líder supremo durante más de tres décadas, junto con buena parte de la cúpula política y militar que lo acompañó durante este tiempo, parecía anunciar un desenlace inevitable. Sin embargo, mientras perdía en el campo de batalla, Irán comenzaba a disputar otro frente mucho más peligroso: la batalla por la percepción.

Si nos atenemos exclusivamente a los hechos militares, el resultado parece incuestionable. Estados Unidos e Israel neutralizaron gran parte de la estructura de mando iraní, destruyeron una parte importante de sus capacidades navales, aéreas y de defensa, dañaron infraestructura estratégica y debilitaron considerablemente su programa nuclear. Irán fue ampliamente superado. Pero las guerras del siglo XXI ya no se libran únicamente con misiles. También se libran en redes sociales, en los medios de comunicación, en los mercados internacionales y, sobre todo, en la mente de las personas.

Teherán entendió desde antes de iniciar la guerra que difícilmente podría derrotar militarmente a Estados Unidos e Israel. Entonces diseñó un conflicto hacia el terreno donde podía equilibrar fuerzas, la energía y la percepción internacional. Apoyado por la maquinaria propagandística rusa y amplificado por miles de medios afines, creadores de contenido y campañas coordinadas, el régimen comenzó a instalar una idea tan simple como poderosa: Irán estaba ganando la guerra.

Pero la propaganda, por sí sola, no basta. Para que una narrativa resulte creíble necesita apoyarse en hechos que la sostengan. El cierre del estrecho de Ormuz se convirtió en la pieza central de esa estrategia. Por esa ruta transita cerca del 20% del petróleo que consume el mundo y la cerró para elevar el costo global de la guerra. Al convertir el suministro energético en un problema global, Irán dejó de presionar únicamente a Washington y Tel Aviv; comenzó a presionar también a Europa, Asia y a los países árabes. Mientras mayor sea el costo económico del conflicto, mayor será la presión diplomática para detenerlo.

Marshall McLuhan afirmaba que “el medio es el mensaje”. En este caso, el mensaje de Irán no consiste en demostrar superioridad militar, sino capacidad para alterar la economía mundial. Según voceros del propio régimen, la posibilidad de cerrar Ormuz vale más que diez bombas nucleares. Puede discutirse la afirmación; lo importante es entender la lógica estratégica que hay detrás.

Desde el primer día, cuando comenzó a golpear infraestructura energética en la región, Irán buscó influir en el precio internacional de los combustibles. Su apuesta era clara: si aumenta el costo económico del conflicto, también aumentará la presión política sobre Donald Trump, quien enfrenta un escenario electoral en el que la inflación y el precio de la gasolina pueden convertirse en factores determinantes.

Irán entendió que ya no podía ganar la guerra militar. Entonces decidió diseñó una estrategia para convencer al mundo de que el precio de continuar el conflicto sería superior al de permitirle continuar con su plan nuclear.

Si alguien duda del poder de la comunicación estratégica, basta observar a los propios aliados. Estados Unidos e Israel coordinan buena parte de su estrategia militar, pero políticamente necesitan comunicar cosas distintas. Trump enfrenta elecciones en noviembre y aparecer demasiado cerca de Benjamín Netanyahu, cuyo prestigio internacional atraviesa uno de sus peores momentos, puede tener un costo electoral. Netanyahu, a su vez, también llega a un proceso electoral y necesita proyectar liderazgo propio, no dependencia de Washington. Combaten en la misma guerra juntos y coordinados, pero libran batallas políticas diferentes. La estrategia militar es compartida. El relato, no, cada actor construye la narrativa que más conviene a sus propios intereses políticos.

Irán y los medios que reproducen su propaganda sostienen que el régimen está ganando la guerra. Sin embargo, los hechos cuentan otra historia. Informes internacionales, retomados por la revista Time, documentan que más de 30 mil civiles fueron asesinados por las propias fuerzas de seguridad iraníes para detener las protestas internas. A ello se suman una crisis hídrica sin precedentes, infraestructura estratégica destruida, una inflación superior al 81% anual, una economía profundamente deteriorada y una capacidad militar severamente degradada. ¿Irán puede resistir? seguramente, pero ¿a qué costo? ¿Quién, frente a estos indicadores, puede sostener seriamente que está ganando? Lo que sí parece haber conseguido es trasladar el costo del conflicto al resto del mundo, utilizando la presión energética y económica para intentar obtener en la mesa de negociación lo que perdió en el campo de batalla.

Donald Trump afirma haber aplastado a Irán y, desde una perspectiva estrictamente militar, sin duda la ofensiva estadounidense e israelí fue superior, sin embargo, Irán perdió esa batalla, porque desde el inicio decidió jugar otra. Llevar el conflicto al terreno económico y energético para elevar el costo internacional de prolongarlo. La decisión del pueblo que inventó el ajedrez podría terminar obligando a Estados Unidos e Israel a moderar o detener su ofensiva. Si eso ocurre, Teherán habrá perdido la guerra militar, pero intentará convertir esa derrota en una victoria política. Porque, al final, quien controla el relato puede hacer que el mundo recuerde una guerra de forma muy distinta a como realmente ocurrió. Y en una de esas, en el futuro se olvidan de vender petróleo y se dedica a vender a los marchantes cilindros de uranio enriquecido.

Jagarma2013@gmail.com

El cargo La guerra que Irán perdió… y está a punto de ganar / Por Jorge García apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.